A la muerte
hay niebla en mi rostro, cruces en mi lecho
rosas marchitas que perfuman el altar taciturno,
ojos envueltos con manto de la oscuridad.
Muero en tus ojos, caigo en tus brazos grises,
se asoma la noche eterna, late la negra estrella,
excavando mis sentidos, el calvario en mis oídos,
gritos sin conciencia, poemas sin sentido.
Se sostiene mi alma de absurdos sentimientos,
revientan mis venas bajo la lumbre negra,
relámpagos de fuego calcinan mis alas
caen mis plegarias, en la fosa ya cavada,
Tendida sobre el fangal, han cambiado mis formas
e l rostro triturado, la carne despedazada,
y veo en mis postreras pupilas desorbitadas,
la trágica luna que rechazó mi hermosura.
Adiós, en este silencio sostengo la cadena
que sujetan mis alas, mientras mi sangre
se condensa entre los suburbios del tiempo
evaporando mis
luces sobre tu propio ser.
Hipnotismo para nacer en tu glóbulo bebido
en tiempos de inmortalidad beso tu energía,
goces en la penumbra, que presagia noche eterna
llenando el tiempo
de ti y de mí en esta
realidad… tan
secreta.
Celia Benfer-Py poema gótico.
Obra registrada



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